VIERNES 4 DE FEBRERO DEL 2011.
Día a día las instituciones y organizaciones en el país, hacen todo lo posible para perder la confianza ciudadana y hay que confesar que en este esfuerzo van teniendo éxito.
Durante el período del Presidente Luis Echeverría, 1970-76, hubo una gran cantidad de jóvenes que inclusive participaron en el movimiento del 68, en los cuadros importantes de la administración pública federal. Algunos fueron tutelados por llamarle de alguna manera, por funcionarios de experiencia y se mantuvieron en forma constante en importantes niveles, otros que los soltaron o se soltaron para trabajar en forma independiente, su paso fue fugaz, inclusive conocieron la prisión por diferentes razones, algunas fueron de deshonestidad, otras por notorias irregularidades administrativas que afectaron las instituciones a sus cargos y así diferentes calificaciones.
Pero se cuidaron las instituciones que llevan la imagen del país no solo al interior de la República sino al exterior, como es el caso de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuyo desempeño le había proporcionado a México prestigio y liderazgo sobre todo ante las naciones latinoamericanas.
Pero de pronto, las embajadas se convirtieron en refugios de políticos en desgracia o en premios de consolación para escritores o artistas, políticos y todo tipo de personajes, pero con la característica de ser ajenos a la carrera diplomática y ofendiendo así, a los diplomáticos conocedores del tema y como consecuencia, el país ha perdido prestigio y liderazgo ante el mundo.
Pero no solo esta Secretaría ha sido objeto de esta manipulación por parte del los Presidentes, también algo tan importante como los partidos políticos, han caído en un oportunismo, que no pragmatismo, en la selección de candidatos ajenos totalmente a la militancia, a los requisitos que exigen sus documentos básicos y muchas veces militando todavía en los partidos donde proceden y que no los hicieron sus candidatos.
Y esto es muy importante, toda vez que a través de los partidos políticos se integra el Congreso de la Unión, los Ayuntamientos y la gubernatura de los estados y la misma Presidencia de la República.
La fortaleza de los partidos está en sus bases, aquellos que han recibido capacitación para conocer a fondo el contenido de sus documentos básicos, aquellos que hacen campaña de casa en casa, volanteando, discursando, representando a los candidatos en las casillas y en todas las múltiples tareas que el partido les asigna y muchas veces hasta esa tarea llegan sus carreras políticas, porque de pronto, procedente de otros partidos, son postulados personajes que los combatieron hasta en tiempos recientes y la militancia ahora recibe instrucciones que hay que apoyarlos, lo que no siempre sucede por la naturaleza humana misma.
Esta falta total de respeto desprestigia a los partidos ante sus militancias en primer lugar y ante la propia sociedad, porque aunque ganen las campañas, el ganador ha demostrado con su pase a otro partido que no tiene principios, no tiene consistencia ideológica, es como dicen en mi pueblo, ajonjolí de todos los moles y llega con una carga de compromisos con los partidos políticos que lo postularon, aunque lo nieguen con particular énfasis y aunque sea en sus documentos, los partidos tienen una visión distinta sobre los programas públicos.
La historia reciente está llena de estos casos, pero por mucha imagen pública que tengan algunos artistas, que no siempre son los mejores ejemplos sociales; amigos del poderoso en turno que los imponen en su partido como candidatos.
En fin, el poder es un poderoso imán, pero tiene más valor el respeto a la sociedad.
Durante el período del Presidente Luis Echeverría, 1970-76, hubo una gran cantidad de jóvenes que inclusive participaron en el movimiento del 68, en los cuadros importantes de la administración pública federal. Algunos fueron tutelados por llamarle de alguna manera, por funcionarios de experiencia y se mantuvieron en forma constante en importantes niveles, otros que los soltaron o se soltaron para trabajar en forma independiente, su paso fue fugaz, inclusive conocieron la prisión por diferentes razones, algunas fueron de deshonestidad, otras por notorias irregularidades administrativas que afectaron las instituciones a sus cargos y así diferentes calificaciones.
Pero se cuidaron las instituciones que llevan la imagen del país no solo al interior de la República sino al exterior, como es el caso de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cuyo desempeño le había proporcionado a México prestigio y liderazgo sobre todo ante las naciones latinoamericanas.
Pero de pronto, las embajadas se convirtieron en refugios de políticos en desgracia o en premios de consolación para escritores o artistas, políticos y todo tipo de personajes, pero con la característica de ser ajenos a la carrera diplomática y ofendiendo así, a los diplomáticos conocedores del tema y como consecuencia, el país ha perdido prestigio y liderazgo ante el mundo.
Pero no solo esta Secretaría ha sido objeto de esta manipulación por parte del los Presidentes, también algo tan importante como los partidos políticos, han caído en un oportunismo, que no pragmatismo, en la selección de candidatos ajenos totalmente a la militancia, a los requisitos que exigen sus documentos básicos y muchas veces militando todavía en los partidos donde proceden y que no los hicieron sus candidatos.
Y esto es muy importante, toda vez que a través de los partidos políticos se integra el Congreso de la Unión, los Ayuntamientos y la gubernatura de los estados y la misma Presidencia de la República.
La fortaleza de los partidos está en sus bases, aquellos que han recibido capacitación para conocer a fondo el contenido de sus documentos básicos, aquellos que hacen campaña de casa en casa, volanteando, discursando, representando a los candidatos en las casillas y en todas las múltiples tareas que el partido les asigna y muchas veces hasta esa tarea llegan sus carreras políticas, porque de pronto, procedente de otros partidos, son postulados personajes que los combatieron hasta en tiempos recientes y la militancia ahora recibe instrucciones que hay que apoyarlos, lo que no siempre sucede por la naturaleza humana misma.
Esta falta total de respeto desprestigia a los partidos ante sus militancias en primer lugar y ante la propia sociedad, porque aunque ganen las campañas, el ganador ha demostrado con su pase a otro partido que no tiene principios, no tiene consistencia ideológica, es como dicen en mi pueblo, ajonjolí de todos los moles y llega con una carga de compromisos con los partidos políticos que lo postularon, aunque lo nieguen con particular énfasis y aunque sea en sus documentos, los partidos tienen una visión distinta sobre los programas públicos.
La historia reciente está llena de estos casos, pero por mucha imagen pública que tengan algunos artistas, que no siempre son los mejores ejemplos sociales; amigos del poderoso en turno que los imponen en su partido como candidatos.
En fin, el poder es un poderoso imán, pero tiene más valor el respeto a la sociedad.
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