PRODUCTOS MAGICOS.
VIERNES 18 DE FEBRERO DEL 2011.
Desde hace 3 años he estado insistiendo que debíamos controlar lo que se dice en la propaganda de los productos que curan todo. La última ocasión fue en la Reflexión del viernes 17 de diciembre, hace ya dos meses.
Y la insistencia obedece a mi convicción de que la salud es fundamental para cualquier país. Un país con habitantes sanos tiene grandes posibilidades de progresar. Es su capital más importante a corto plazo.
Pero tampoco se le pone atención debida a que los mexicanos son víctimas de la obesidad, y es hasta ahora en que le ponen interés tanto el gobierno como los medios, a pesar que desde hace años, el Instituto Mexicano del Seguro Social presentó datos que al paso de los años han convertido los pronósticos en triste realidad: México es el primer país en obesidad y cuarto en obesidad infantil a nivel mundial y primer lugar en Latinoamérica en índice de masa corporal, títulos nada gratos y sobre todo preocupantes para nuestro futuro, y de esto se han aprovechado las empresas que comercializan estos productos llamados milagrosos.
El miércoles 9 de febrero, durante un encuentro sostenido con la Academia Nacional de Medicina, el candidato ciudadano del Presidente Calderón para el 2012 bajo la bandera del PAN, el doctor Juan Ramón de la Fuente, ex Rector de la UNAM y ex Secretario de Salud, durante el Gobierno de Zedillo (a lo mejor a esto se refirió el ex Presidente cuando dijo que en el 2012 ganaríamos), dijo que el Estado debe de regular con más rigor la publicidad de los llamados productos milagrosos, que se anuncian sin el menor escrúpulo, con propiedades supuestamente terapéuticas sobre los problemas más diversos.
Inmediatamente, el Presidente Calderón se dijo dispuesto a impulsar la regulación que le demandó su ahora proyecto político, pero expresó literalmente: “porque efectivamente se puede tener el derecho de engañar o de afirmar o decir, pero con la salud, pienso, que no se debe de jugar”. Es decir, el Presidente manifiesta que se puede tener el derecho de engañar. Yo pensé que nadie tiene el derecho de engañar.
Pero el lunes de esta semana, el titular de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), Miguel Ángel Toscano, reconoció que las empresas que elaboran los productos milagros, se aprovechan de los vacíos legales que hay en la Ley General de Salud y que el nuevo reglamento en publicidad sanitaria que se pondrá a consulta pública en los próximos días y que busca obligar a los medios electrónicos e impresos que transmiten esta publicidad, a que exijan el permiso sanitario a los fabricantes de esos productos antes de anunciarlos. O sea que tenemos la esperanza de que algún lejano día, que quizás nunca veamos, se apruebe esta regulación y que de nada sirven las reacciones adversas que están registradas en los mexicanos que consumen estos productos como ansiedad, mareo, vómito, dolor de espalda, calambres, cólicos y diarrea, que pueden ocasionar diversos daños a los órganos del cuerpo humano y provocarle la muerte.
Antes que proteger la salud de los mexicanos, está el cuidar los intereses de los medios que el gobierno ayuda y de los que espera correspondencia en el 2012.
Y es también muy grave que hasta ahora que el Presidente se comprometió con la Academia Nacional de Medicina, los funcionarios responsables de proteger los riesgos de la salud se den cuenta de un hecho que sucede en México desde hace más 20 años: la invasión de esos productos al país, que provienen especialmente de China y de Perú.
La omisión en el cumplimiento de sus responsabilidades también amerita una sanción.
VIERNES 18 DE FEBRERO DEL 2011.
Desde hace 3 años he estado insistiendo que debíamos controlar lo que se dice en la propaganda de los productos que curan todo. La última ocasión fue en la Reflexión del viernes 17 de diciembre, hace ya dos meses.
Y la insistencia obedece a mi convicción de que la salud es fundamental para cualquier país. Un país con habitantes sanos tiene grandes posibilidades de progresar. Es su capital más importante a corto plazo.
Pero tampoco se le pone atención debida a que los mexicanos son víctimas de la obesidad, y es hasta ahora en que le ponen interés tanto el gobierno como los medios, a pesar que desde hace años, el Instituto Mexicano del Seguro Social presentó datos que al paso de los años han convertido los pronósticos en triste realidad: México es el primer país en obesidad y cuarto en obesidad infantil a nivel mundial y primer lugar en Latinoamérica en índice de masa corporal, títulos nada gratos y sobre todo preocupantes para nuestro futuro, y de esto se han aprovechado las empresas que comercializan estos productos llamados milagrosos.
El miércoles 9 de febrero, durante un encuentro sostenido con la Academia Nacional de Medicina, el candidato ciudadano del Presidente Calderón para el 2012 bajo la bandera del PAN, el doctor Juan Ramón de la Fuente, ex Rector de la UNAM y ex Secretario de Salud, durante el Gobierno de Zedillo (a lo mejor a esto se refirió el ex Presidente cuando dijo que en el 2012 ganaríamos), dijo que el Estado debe de regular con más rigor la publicidad de los llamados productos milagrosos, que se anuncian sin el menor escrúpulo, con propiedades supuestamente terapéuticas sobre los problemas más diversos.
Inmediatamente, el Presidente Calderón se dijo dispuesto a impulsar la regulación que le demandó su ahora proyecto político, pero expresó literalmente: “porque efectivamente se puede tener el derecho de engañar o de afirmar o decir, pero con la salud, pienso, que no se debe de jugar”. Es decir, el Presidente manifiesta que se puede tener el derecho de engañar. Yo pensé que nadie tiene el derecho de engañar.
Pero el lunes de esta semana, el titular de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), Miguel Ángel Toscano, reconoció que las empresas que elaboran los productos milagros, se aprovechan de los vacíos legales que hay en la Ley General de Salud y que el nuevo reglamento en publicidad sanitaria que se pondrá a consulta pública en los próximos días y que busca obligar a los medios electrónicos e impresos que transmiten esta publicidad, a que exijan el permiso sanitario a los fabricantes de esos productos antes de anunciarlos. O sea que tenemos la esperanza de que algún lejano día, que quizás nunca veamos, se apruebe esta regulación y que de nada sirven las reacciones adversas que están registradas en los mexicanos que consumen estos productos como ansiedad, mareo, vómito, dolor de espalda, calambres, cólicos y diarrea, que pueden ocasionar diversos daños a los órganos del cuerpo humano y provocarle la muerte.
Antes que proteger la salud de los mexicanos, está el cuidar los intereses de los medios que el gobierno ayuda y de los que espera correspondencia en el 2012.
Y es también muy grave que hasta ahora que el Presidente se comprometió con la Academia Nacional de Medicina, los funcionarios responsables de proteger los riesgos de la salud se den cuenta de un hecho que sucede en México desde hace más 20 años: la invasión de esos productos al país, que provienen especialmente de China y de Perú.
La omisión en el cumplimiento de sus responsabilidades también amerita una sanción.
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